jueves, 10 de mayo de 2012


Vos Podes...

Haciendo zapping al borde de la medianoche, me encontré con un mediático psicoanalista siendo entrevistado en televisión. Me detuve tan sólo unos minutos en ese programa, pero los suficientes para que el personaje en cuestión lanzará su catarata de dogmas. Y así los califico, pues la forma en que fueron presentados y supuestamente justificados no dejaba lugar a ninguna otra visión posible del asunto.  Siendo esto grave en sí, no fue lo peor. El contenido de sus inapelables afirmaciones de las que rescato dos:
Expresó que es falso que alguien pueda querer cambiar en algo y que por su propia voluntad lo logre, en explicita negación de lo que hoy superficial y erróneamente se califica como auto ayuda y otras prácticas.  Querer, de ninguna manera es poder, según él.
 A continuación defenestró todos los avances que viene haciendo la neurobiología en relación al funcionamiento cerebral y la influencia en el comportamiento humano.
Seguramente el lector entenderá rápidamente adonde apuntaba el entrevistado: nada sino el psicoanálisis permite al ser humano superarse y evolucionar como tal.
Vos y tu libre albedrio. Vos y tu voluntad. Vos y el proceso de hacerte más consciente
Nada de eso sirve.
Como tampoco otros caminos tales la espiritualidad, el coaching (personal, organizacional, ontológico, la PNL), las guías religiosas, la terapia filosófica, la escuelas de psicología modernas, (racional, cognitiva, positiva, logoterapia, etc. ), la neurobiología,  y todo lo que se quiera agregar parece no existir y jamás haber tenido ningún resultado positivo.
Qué profunda pena siento cuando alguien con alcance mediático parapetado desde una profesión, puede mostrar tal nivel de soberbia intelectual o conveniencia  particular, o ambas a la vez-
 Yo sigo creyendo en el incondicional poder del ser humano de transformarse, de reinventarse, de superarse y  de evolucionar por sus propias elecciones.  
Y si sólo no puede, creo en la integración de todas las prácticas honestamente desarrolladas,  incluidas claro está, el psicoanálisis.
En fin, yo sigo creyendo que…
"Transformarse es un proceso que permite cambiar el observador que cada uno es, y a partir de allí permite encontrar un orden oculto ante el aparente desorden: destellos de belleza en un gris escenario de ciudad, rostros y ojos llenos de sueños y de vida transitando las calles que palpitan la intensidad de un nuevo día.
La vida es. Y nosotros tenemos la incondicional libertad de vivirla disfrutándola o sufriéndola, encontrando caos u oportunidades, fracasos o desafíos, desengaños o creencias a ser revisadas, espanto o perfección, ilusiones o acciones conducentes, temores o afectos, siendo víctimas o protagonistas, melodramáticos o entusiastas, débiles o asertivos.
De vos depende."(*)
(*)Frase extraída del libro Al Disipar La Neblina. Autor Carlos E. Montoto Editorial Almaluz.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Alternativas
¿Sería la vida un viaje circunscripto a sucesivas repeticiones de circunstancias determinadas por un destino ya escrito, de emociones, de alegrías fugaces y tristezas prolongadas, de enojos frecuentes, de envidias por falsas identificaciones, de perdones que jamás tendrían perdón, de reacciones condicionadas tal como si fueran leyes de la naturaleza? ¿O existirían otras alternativas?(*)

Sostengo que hay más alternativas de las que a simple vista podamos considerar. Descubrirlas depende en buena medida de nuestra intención de encontrar nuevas interpretaciones y re significaciones sobre lo que nos pasó o acontece.

Cuantas veces los sucesos que nos generan tristeza, enojo, culpa, desilusión,  resentimiento, etc. finalmente son faros con señales, indicaciones y guías para que nos demos cuenta, para que ascendamos un pequeño peldaño en la escalera de nuestra conciencia.

 Subido ese primer escalón, nos llegaran los tiempos de la aceptación primero, la comprensión después, para por último transformar aquel dolor en nueva energía vital en el desafiante juego de la vida.

¿Identificas en tu historia personal alguna decepción laboral, alguna frustración en algún objetivo, algún desengaño afectivo que a la sazón resultaron aliados en tu desarrollo y crecimiento como ser humano?

(*)Frase extraída del libro Al Disipar La Neblina. Autor Carlos E. Montoto Editorial Almaluz.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¿Con quién competís?
¿Qué ocurre cuando transitamos la vida viviendo como autómatas de la comparación de nosotros mismos, de nuestros afectos y de nuestras posesiones?
Esto resulta un pasaporte con visa eterna al infierno.
Es un camino donde reina nuestro ego, y que conduce a la permanente disconformidad si nos sentimos perdedores, o a la peligrosa satisfacción cuando nos comparamos ganadores. Los condicionamientos y las tentaciones de la sociedad, el mundo rápido, el consumismo como vértice, la identificación con lo que posees, o las estrategias para que pertenezcas a tal o cual grupo, están a la orden del día. Todas ellas buscan desde la comparación, la masificación y la duplicación, la ilusión de la singularidad inundada de masividad. Desde un plano de conciencia, la comparación relativa con otros, es un camino tan inútil como estéril. Desde la conciencia no soy, ni tengo, ni hago, más ni menos que nadie. El baremo conductor es mi propia evolución. Cómo fui, cómo soy, cómo quiero ser. Qué obtuve, qué obtengo, qué quiero obtener. Qué hice, qué hago, qué quiero hacer. Siempre auto referencialmente, como guía de mi propia evolución como persona, como faros que iluminan los estrechos de mi devenir y mi trascendencia. Te preguntaste alguna vez... ¿Quién eres más allá de tus pertenencias, de tus cargos o de tu educación formal?
¿Eres capaz cuando compras algo, de identificar si dicha elección es producto de cubrir una real necesidad o lo quieres porque otros lo tienen?
¿No será la publicidad la creadora ilusoria de tu necesidad?
¿Qué te resulta más importante tu imagen personal, o tu esencia?
¿Vives flexiblemente de acuerdo al fluir de tus convicciones o estrictamente de la opinión de los demás? Fragmento del libro Al Disipar la Neblina. Autor Carlos E. Montoto. Editorial Almaluz

viernes, 12 de agosto de 2011

Tolerancia es Libertad


La tolerancia, el respeto a la diversidad, son evidentes muestras de personas evolucionadas, más conscientes, verdaderamente comprometidas con ellas mismas y con los demás, e incondicionalmente libres.
Hoy es fácil apreciar en nuestros días, una especie de culto a la no tolerancia, a considerar a quien piensa distinto un enemigo, alguien sin derecho alguno para pensar ni actuar de determinada manera, simplemente por hacerlo de manera distinta, diferente, desde otra óptica, con otra interpretación.
Y quien así opera, quien vive atrapado en su propia realidad sin considerar la posible existencia de otras tan valiosas como la propia, termina quedando enredado en las telarañas de ser lo que piensa, y seguramente sin saberlo pierde su propia libertad.
Es quedarse atrapado en su laberinto de dogmas sin posibilidad de discutirlos, donde se pierde el libre albedrio de pensar como se piensa y respetar ideas distintas reconociendo al otro como legítimo tal.
La falta de tolerancia nos acerca peligrosamente al abismo de la no legitimación de la existencia de otro, con todo lo que eso presupone y que la historia nos presente en mil ejemplos.
Salud entonces a los tolerantes, a los capaces de reconocerse como las personas que son y que piensan, pero sin identificarse con lo que piensan, permitiendo de esa manera que otros con ideas distintas puedan ocupas similares espacios y crecer y desarrollarse desde la diversidad.
Salud a los libres de verdad.

martes, 23 de noviembre de 2010

Los ritmos de la vida


¿Sería válido afirmar que la vida tiene ritmos?
Si lo consultáramos con expertos astrólogos, seguramente nos darían una respuesta afirmativa pues según ellos nuestra vida está influenciada desde el momento de nuestro nacimiento por la luna, el sol los planetas y sus rotaciones y movimientos. Una respuesta científica nos dice que se han desarrollado comprobaciones que todos tenemos un biorritmo personal que va cambiando cíclicamente a lo largo del tiempo, generando períodos de más o menos energías. O bien si siguiéramos las enseñanzas del chamán Don Juan Mathus a Carlos Castaneda, aprenderíamos que nuestra energía es única, nos viene dada y lo que podemos hacer es recorrer el camino de la impecabilidad del guerrero para disponer en cada momento de toda la energía que tenemos disponible, lo cual implica entonces la aceptación de momentos más o menos energéticos.
O quizás simplemente revisando nuestra propia experiencia reconoceríamos en nosotros momentos en que nos sentimos con muchas ganas de hacer y salir al mundo y otros donde nos sentimos con menos energías para iniciar algo o para continuarlo.
La respuesta entonces a la pregunta inicial es afirmativa. La vida tiene por los motivos que fueran, ritmos personales para cada uno de nosotros, sean expansivos y de alta predisposición al hacer, buscar, crear y otros que nos invitan a una introspección, análisis y revisión.
¿Qué podemos hacer con los ritmos de la vida?
Me hace sentido el acompasarlos y dejarnos fluir con ellos sin resistirnos. Los ritmos altos nos engancharán con todo el potencial de creación, acción y decisión, y los ritmos bajos nos regalaran la posibilidad de reflexión, revisión y análisis. Si combinamos ambos, estaremos invitando secuencialmente a nuestro hemisferio izquierdo y derecho, y aprovechamos sus coordenadas, podremos extraer nuestro máximo potencial.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La vida... tránsito o destino.



Te ha ocurrido alguna vez, en un instante de reflexión y auto- observación, preguntarte si tu devenir por esta vida es sólo alcanzar un resultado, o si también es posible disfrutar los procesos que te conducen al mismo.
Creo que de tanto intentar conseguir lo que pretendemos, alcanzar una meta, lograr un objetivo, nos perdemos buena parte de lo que la vida nos ofrece como regalo. Quizás esta interminable carrera por el obtener, ni siquiera nos permite festejar el logro alcanzado, pues un nuevo objetivo, meta o resultado nos proyecta nuevamente a impulsos de escasa conciencia.
Y qué decir entonces de la posibilidad de ir disfrutando cada paso que damos, cada proceso que encaramos en la búsqueda de lo que perseguimos.
¿Será la vida una constante de llegar a la nueva estación o es factible disfrutar el viaje que nos lleve a ella?
He descubierto que tan importante es tener sueños, metas, objetivos y resultados por alcanzar como conciencia para disfrutar cada “aquí y ahora”, cada recorrido, cada etapa, o circunstancia a atravesar.
Recuerdo que tiempo atrás leí una historia sobre un grupo de turistas, que al subir a un micro que los iba a llevar a conocer fantásticos paisajes, discutieron y pelearon para ver quien obtenía las mejores ubicaciones. De manera tal que cuando finalmente se pusieron de acuerdo, el viaje había llegado a su fin.
Un escalón más de conciencia, cierta sensibilidad para intuir el sentido de nuestra vida, puede convertirnos en privilegiados viajeros.

miércoles, 9 de junio de 2010

¿Qué es más importante, tener razón o tener éxito?


Entendiendo por éxito el lograr lo que nos proponemos, observo que en muchas de nuestras acciones parece más importante tener razón que lograr el objetivo.
Obviamente tener ideas y opiniones son imprescindibles para vivir, pero no por eso tenemos que enamorarnos de ellas.
Nos identificamos tanto con nuestras ideas, razonamientos y fundamentos, que cuando alguien no coincide con nuestro parecer, simplemente por pensar distinto, lo vivimos como un ataque personal, y no una diferencia con una idea o creencia que tenemos. En lugar de ser personas que tenemos ideas, nos transformamos en esas ideas, confundiendo nuestra verdadera identidad.
E invertimos una enorme cantidad de energía para defender lo que pensamos, pues centrados desde el ego, significa resguardar nuestra importancia personal. Y hasta puede darse el caso de haber cambiado de opinión, modificando lo que pensamos y quizás acordando con el otro, y no lo reconocemos por esa ilusoria defensa de nuestra importancia.
Considera el desgaste energético que producen las vanas discusiones por defender la razón en el ámbito político, empresario, otras organizaciones sociales y hasta en el entorno familiar, en lugar de volcarlas a recorrer la brecha entre lo que nos pasa y queremos que nos pase.
Cuanto más libres, despojados y fluidos viviríamos si utilizáramos esa energía en obtener lo que pretendemos, transformándonos en verdaderamente efectivos. Y que las ideas de hoy que pueden ser distintas a las de mañana, significaran simplemente referencias en un mundo de creciente y respetuosa diversidad.